La Pista De Arena by Camilleri Andrea

La Pista De Arena by Camilleri Andrea

Author:Camilleri, Andrea [Camilleri, Andrea]
Format: mobi
Tags: Intriga, policiaca
Published: 2010-05-31T19:48:24+00:00


* * *

Antes de emprender la ruta panorámica de los templos, que sólo se podía recorrer a pie pero que a ellos les dejaron hacer en coche porque era un vehículo policial, Montalbano pidió a Fazio que se detuviera y se dirigió a un quiosco para comprar una guía.

—¿Quiere hacer de turista en serio?

No, no quería, pero el caso era que, a pesar de las veces que había estado allí, nunca lograba recordar la época de la construcción, las medidas, las columnas...

—Subimos hasta arriba y vamos viendo los templos conforme bajemos.

Al llegar arriba, aparcaron el coche y subieron a pie hasta el templo más alto.

«La construcción del templo de Juno Lucina se remonta al 450 a. C. De 41 metros de longitud y 19,55 de anchura, tenía 34 columnas...»

Lo visitaron concienzudamente y volvieron a montar en el coche. Tras recorrer pocos metros, se detuvieron y fueron andando hasta el segundo templo.

«El templo de la Concordia es del 450 a. C. Tenía 34 columnas de 6,83 metros de altura, y medía 42,10 metros de longitud y 19,70 de anchura...»

Lo visitaron y después repitieron el proceso.

«El templo de Hércules es el más antiguo. Se remonta al 520 a. C. Mide 73,40 metros de longitud...»

Lo visitaron a fondo.

—¿Vamos a ver los otros templos?

—No —contestó Montalbano, que ya se había hartado de arqueología—. Pero ¿qué hace Galluzzo? ¡Ya casi ha pasado una hora!

—Si no llama, significa que...

—Llámalo.

—No, señor dottore. ¿Y si resulta que justo ahora se encuentra en las inmediaciones de su casa y empieza a sonarle el móvil?

—Pues entonces llama a Catarella y pásamelo.

Fazio obedeció.

—Catarè, ¿hay alguna novedad?

—No, siñor dottori. Pero llamó la siñura Estera Manni. Dice que si la llama usía.

Estuvieron media hora más paseando arriba y abajo delante del templo.

Montalbano estaba cada vez más nervioso. Fazio intentó distraerlo.

—Dottore, ¿por qué el templo de la Concordia está casi intacto y los demás no?

—Porque hubo un emperador, Teodosio, que ordenó destruir todos los santuarios paganos, exceptuando los que se convirtieran en iglesias cristianas. Puesto que el de la Concordia se convirtió en iglesia cristiana, se mantuvo en pie. Un hermoso ejemplo de tolerancia. Igualito a lo que ocurre hoy en día.

Pero, tras la digresión cultural, regresó inmediatamente al tema.

—A ver si los de la barca eran auténticos pescadores... Oye, vamos a sentarnos en el bar.

No fue posible. Todas las mesas estaban ocupadas por turistas ingleses, franceses y, sobre todo, japoneses que fotografiaban cualquier cosa, incluso una piedrecita que les hubiera entrado en el zapato. El comisario empezó a soltar reniegos.

—Vámonos —dijo muy alterado.

—¿Adónde?

—A rascarnos los cojones en...

Justo en ese momento sonó el móvil de Fazio.

—Es Galluzzo —dijo, acercándose el teléfono a la oreja—. Vale, enseguida estamos ahí.

—¿Qué te ha dicho?

—Que tenemos que ir ahora mismo a su casa de usted de Marinella.

—¿Y no te ha dicho nada más?

—No, señor.

Hicieron el camino que ni Schumacher en un gran premio de Fórmula Uno, pero sin luces intermitentes ni sirena. Al llegar, encontraron la puerta abierta.

Entraron corriendo.

En el comedor, media vidriera colgaba de los goznes.

Galluzzo, tan pálido que parecía un muerto, estaba sentado en el sofá.



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